Querido amigo toro...
En la plaza ya no brillan
tus ojos ni miras al cielo.
Miras hacia abajo con
cabeza gacha y postura
hundida.
Estás solo. Nadie está de
tu parte.
Deambulas en círculos
rápidos una y otra vez,
como si quisieras
encontrar una salida.
Ah, ya lo comprendo. Tu
mundo ahora es un ruedo.
Eres ahora un prisionero,
un esclavo, un pelele en
manos de otros que no
quieren para ellos lo que
quieren para ti.
D.E.P. Todos los toros y caballos. Almas errantes encerradas en los ruedos y plazas, inocentes de una muerte cruel e injusta.
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