domingo, 28 de agosto de 2016

Poema a un gato que no volvió.

Ya no te veré más 
durmiendo a gracia suelta:
no volviste jamás
de tu amorosa vuelta.

Con una gata blanca, 
mira que mala suerte:
la gata era la blanca
de la Señora Muerte.

La leche está servida.
Está listo el pescado; 
tu silla preferida
en vano te ha esperado.

Tu paso era ligero, 
tus modales corteses,
y fuiste tan sincero
que me ignoraste a veces.

Me hablabas tú muy suave, 
yo nunca te entendía; 
mas fue una falta grave
tu enorme melodía.

Llegó hasta el universo,
ira y amor a una,
el eco en el reverso
siniestro de la luna.

Y un encolerizado
te enmudeció en el frío:
no más a nuestro lado
duermes, amigo mío.

Tu cuerpo es hoy la sombra, 
las nubes son tus manchas,
y sólo ahora te nombra 
el silencio a sus anchas.

La leche está servida.
Está listo el pescado;
tu silla preferida
ya se ha desesperado.

Eliseo Diego.




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